Transcripción
Existe otro argumento, casi filosófico, en la incesante discusión entre el audio digital y el analógico. La flexibilidad del audio digital ha sido demostrada de manera convincente en numerosas ocasiones. Esta vez, nos referimos a una ventaja del audio digital que podría ser más relevante a largo plazo.
Mencionamos que, luego de ser convertido a digital, el audio es una cadena de bits, igual que cualquier otro tipo de información digital, como este video o el texto que conforma su transcripción. En este punto, las restricciones impuestas por la tecnología de audio analógica ya no aplican. Paradójicamente, es común que el usuario o el fabricante de equipo digital se impongan restricciones a sí mismos al hacer simples reproducciones digitales de sistemas analógicos. Como dijo John Watkinson en su libro “El arte del audio digital”: “el sistema analógico evolucionó para operar dentro de las restricciones impuestas por la tecnología. Tomar el mismo sistema y simplemente digitalizarlo es no entender la cuestión”.
En parte, este problema era agravado por el comportamiento natural de los fabricantes de equipo de audio analógico, quienes se especializaban en productos específicos. Por ejemplo, un fabricante de consolas de mezcla de alta gama, no solía tener la misma pericia en la fabricación de grabadoras o micrófonos. Como resultado, el usuario configuraba su sistema de audio con base dispositivos de diferentes fabricantes.
Por el contrario, los fabricantes de productos computacionales se caracterizan por una visión más de sistemas. Una misma compañía suele fabricar diversos productos, como discos duros, cintas, memorias, procesadores, entre otros. En la época del audio digital, en la que el sonido es simplemente otra aplicación de la información digital, es cada vez más común que los fabricantes de dispositivos de audio digital tengan una visión más holística y de sistemas.
Un ejemplo es una laptop moderna, la cual cuenta con un micrófono integrado, convertidores A-D/D-A y puertos de entrada y salida. Es, en esencia, una interfaz de audio con grabadora incluida. Una vez en forma digital, el audio puede editarse con gran precisión; hasta es posible modificar muestras individuales. Asimismo, es posible compartir la información por medio de internet hasta el otro lado del mundo. Este tipo de dispositivos sería sencillamente inimaginable sin la tecnología digital.
Una consecuencia natural de este desarrollo tecnológico es la difuminación de la línea entre lo profesional y lo amateur o de consumo, una división claramente marcada en la época analógica. Anteriormente, el equipo analógico profesional tenía una calidad de sonido claramente superior al equipo de consumo, pero su costo era múltiples veces más alto. Hoy día, la calidad de sonido de los dispositivos digitales es determinada por la calidad de la conversión. Nótese que nos referimos únicamente a las etapas digitales del sistema, lo cual excluye etapas naturalmente analógicas, como los preamplificadores.
Esto podría generar escepticismo en quien lo oye. Sin embargo, un bit simplemente debe comunicar si se trata de un 1 o un 0. ¿Habrá alguna diferencia entre un 1 profesional y un 1 amateur? Claramente, no. Por lo tanto, ¿cuál es la diferencia entre un disco duro “profesional” y uno de consumo? El precio del equipo digital es determinado por el volumen de sus ventas, no por su complejidad tecnológica.
Asimismo, el equipo “profesional” podría estar utilizando chips producidos en masa, originalmente destinados a dispositivos de consumo masivo. El costo de fabricación que implicaría utilizar chips especialmente diseñados para dicho dispositivo podría ser económicamente insostenible para el fabricante. Así, un dispositivo “profesional” podría ser simplemente un dispositivo de consumo en un chasis más robusto y con conectores XLR en lugar de RCA o TS.