Transcripción
La grabación de audio vio sus inicios a mediados del siglo XIX, con el fonoautógrafo de Édouard-Léon Scott de Martinville (Figura 3.1). Este dispositivo, al cual se le atribuye la primera grabación de la historia, creaba un patrón en una superficie de papel o vidrio, recubierta con negro de carbón (Figura 3.2).
Figura 3.1: Fonoautógrafo
Figura 3.2: Patrón creado por el fonoautógrafo
Escuchemos el audio, reproducido en lo que hoy se considera como la velocidad adecuada. Es la voz del mismo Édouard-Léon Scott, cantando la canción Au clair de la lune.
Audio 3.1: Primera grabación de la voz humana: Au clair de la lune
Audio 3.1: Primera grabación de la voz humana: Au clair de la lune
El fonoautógrafo plasmaba las ondas acústicas en un medio visible para su estudio científico. No obstante, era incapaz de reproducir el sonido grabado. Este logro se atribuye al fonógrafo de Alexander Graham Bell, inventado en 1877 (Figura 3.3). El fonógrafo creaba surcos en un cilindro con superficie de lámina de estaño.
Figura 3.3: Fonógrafo
El fonógrafo provocó una revolución histórica. La música en vivo dejó de ser el único medio para disfrutar de la experiencia de entretenimiento musical. Los discos de acetato grabados y producidos en masa por diversas compañías se convirtieron en el estándar del entretenimiento audiófilo casero por muchos años. La integración de sistemas como tal no existía en esos tiempos, debido a la simplicidad de los sistemas de audio, que hasta ese momento no incorporaban la conversión de la señal al medio eléctrico. Un motor eléctrico se empleaba para mover el sistema rotativo de la máquina de reproducción o grabación, pero el flujo de la señal se mantenía en el dominio acústico y mecánico.
La grabación eléctrica se empezó a proliferar en los estudios de grabación gracias a la revolución tecnológica provocada por la radio durante la década de 1920 y a los avances en telefonía de compañías como Bell Telephone Company, que facilitaron la implementación de sistemas precisos de conversión de la onda de audio acústica al medio eléctrico.
Los micrófonos utilizables para la producción de música aparecieron a inicios de la década de 1920. De esta manera, nacieron los primeros sistemas integrados de audio en los cuales el micrófono se conectaba al dispositivo de grabación magnética, el cual permitía registrar la señal eléctrica generada por los micrófonos con una calidad mucho mayor a los métodos de grabación mecánicos. La grabación en medios magnéticos se consolidó como el método profesional de registro de sonido durante más de 50 años, desarrollando sus tecnologías para producir el sonido de innumerables artistas desde la década de 1920 hasta la de 1980.
La tecnología digital fue ganando terreno. Con el surgimiento de las computadoras personales, desde mediados de los años setenta, se dio inicio a una expansión de posibilidades nunca antes vista. Uno tras otro, los modelos creados por compañías como IBM, Commodore y Apple inundaron el mercado con diseños que incluían mejoras en las condiciones de procesamiento, gráficos y almacenamiento de datos.
Figura 3.4: Computadora de los años setenta
Por su parte, la grabación analógica en medios magnéticos perduró hasta ser reemplazada por la grabación digital en las últimas décadas del siglo XX con las grabadores de cinta magnética digital, tales como la DAT (Digital Audio Tape) y el advenimiento del disco compacto, formato de consumo dominante desde mediados de los ochenta y hasta aproximadamente la primera década del nuevo siglo.
Si bien existían computadoras desde los años setenta, la grabación en cinta digital se introdujo en los años ochenta y el procesamiento de la señal siguió siendo mayoritariamente analógico hasta la década de los noventa. Esto se debió a que las computadoras aún no alcanzaban el nivel de estabilidad y capacidad de procesamiento necesario para ser utilizadas en la producción musical.
El desarrollo del software para producción musical tuvo sus raíces en esta época, cuando programas como SoundTools de Digidesign, Cubase Audio de Steinberg y Digital Performer de MOTU empezaron a permitir un registro y tratamiento primitivo de la señal de audio digital. El DAW o digital audio workstation se fue posicionando poco a poco desde la década de 1990 hasta llegar a ser la herramienta estándar de grabación y producción musical alrededor del mundo, gracias a sus funciones que simplifican, potencian y agilizan el flujo de trabajo. Además, su bajo costo en comparación con otras tecnologías analógicas hizo posible el acceso a recursos de producción que en décadas anteriores ascendían a las decenas o incluso cientos de miles de dólares.
La aparición de los nuevos sistemas digitales tuvo un gran impacto en la industria de la música, pues mediante funciones como guardar y cargar un proyecto o deshacer y rehacer cambios, se disminuyó el tiempo invertido en procesos como la edición y mezcla.
¡Preparémonos para emprender un viaje al mundo de las tecnologías digitales!