Transcripción
Como profesionales de la música, debemos tener un conocimiento claro del funcionamiento del sistema auditivo humano, pues es nuestra principal herramienta de trabajo (Figura 7.4).
Figura 7.4: Corte transversal del sistema auditivo humano
El sistema auditivo se divide en tres secciones principales: el oído externo, el medio y el interno. El oído externo incluye la aurícula y el canal auditivo externo. La aurícula se encarga de recolectar las ondas de sonido, mientras que el canal auditivo las conduce hacia el interior del sistema.
No obstante, el sonido empieza a ser modificado por nuestra cabeza y hombros, antes de llegar a la aurícula. Una onda que se propaga en un espacio libre obedece a las leyes de la Inversa del Cuadrado estudiadas anteriormente (Figura 7.5). Una vez que se introduce un objeto dentro de dicho campo libre, la onda interactuará con éste. Nuestra cabeza y hombros afectan el sonido generando sombra acústica y reflexiones.
Figura 7.5: Propagación de una onda en un campo libre y un campo libre aproximado
Para determinar la cantidad de influencia del cuerpo en la propagación de una onda acústica en un campo libre, se realiza el siguiente experimento (Figura 7.6). Primero, se coloca un micrófono pequeño en un punto del campo libre por el que la onda pasa y se registra la amplitud de la onda. Luego, se introduce un modelo del cuerpo en el campo libre. El centro de la cabeza debe ubicarse donde antes estaba el micrófono. Ahora, se registra la amplitud de la onda en el canal auditivo externo. La diferencia de amplitud entre la medición anterior y esta se debe a la interferencia del cuerpo.
Figura 7.6: Determinación de la influencia del cuerpo en la propagación de una onda acústica
La aurícula y el canal auditivo externo en general desempeñan un papel crucial en nuestro proceso auditivo, pues determina en gran parte la respuesta de frecuencias del oído humano. Sus dimensiones similares a las de un tubo de aproximadamente dos centímetros, coinciden con un cuarto de la longitud de onda de las frecuencias alrededor de 4 kHz. Esta es la razón por la cual nuestro oído es mucho más sensible a las frecuencias entre 2 kHz y 7 kHz, como estudiaremos más adelante en esta lección.
Luego de haber interactuado con el cuerpo y la aurícula, la onda acústica llega al oído medio, separado del oído externo por una membrana llamada tímpano. El oído medio permite una transferencia de energía eficiente entre el oído externo y el oído interno.
El tímpano se mueve según la onda acústica, y acciona a tres huesos llamados martillo, yunque y estribo. Por medio de movimientos de palanca, estos huesos amplifican la vibración generada por el tímpano. Adicionalmente, estos huesos convierten las ondas con pequeña fuerza y gran desplazamiento que se mueven a través del aire, en ondas con mucha fuerza y pequeños desplazamientos que se mueven a través del líquido del oído interno.
Nótese el conducto que sale del oído medio llamado “Trompa de Eustaquio”. Este conducto está conectado con la parte superior de la garganta y se abre brevemente al tragar. Al exponernos a cambios de presión atmosférica, la presión en el oído medio y el canal auditivo externo será diferente. Esto sucede a menudo al conducir hacia arriba o hacia abajo de una montaña, al volar, bucear, entre otros. Como resultado, el tímpano es desplazado hacia la región donde la presión sea menor, provocando una sensación incómoda (Figura 7.7).
Al bostezar o tragar, la Trompa de Eustaquio se abrirá brevemente. Esto permite igualar la presión a ambos lados del tímpano, permitiendo que éste regrese a su posición original.
Figura 7.7: Desplazamiento del tímpano por la presión atmosférica
Los huesos del oído medio están unidos al oído interno por medio de la ventana oval, una membrana en forma de anillo. Así, las vibraciones son transmitidas del oído medio hacia la cóclea, una especie de tubo enrollado sobre sí mismo en forma de caracol y relleno de líquido. Las vibraciones generadas por el oído medio producen pequeñas olas en el líquido, que a su vez mueven una serie de pelillos microscópicos dentro de la cóclea. Esto genera una señal eléctrica que es transmitida al cerebro por el nervio auditivo, haciendo posible la audición.