Transcripción
Las tareas diarias de los profesionales de la música requieren de un dominio profundo de las propiedades y naturaleza del sonido en sus diferentes formas. Comprender a fondo el comportamiento del sonido es una herramienta fundamental para llevar a cabo tareas como grabación, mezcla, refuerzo de sonido en vivo, síntesis de audio, diseño acústico, entre muchas otras. Este conocimiento facilita la obtención de resultados óptimos a través la toma de decisiones basada en criterios técnicos.
Veamos algunas interrogantes comunes que se presentan en la práctica diaria del profesional de sonido o producción musical:
¿A qué distancia se posiciona correctamente un micrófono de una fuente de sonido?
¿Cuánto nivel debe emitir un instrumento en el escenario para la audiencia lo escuche con claridad?
¿Qué perillas es necesario mover en una consola de mezcla para modificar el sonido y obtener el resultado deseado?
Estas y otras numerosas interrogantes conforman la labor diaria del ingeniero de sonido o productor musical. El uso de los criterios correctos hace la diferencia entre un producto mediocre y uno de calidad mundial.
Fenómenos ondulatorios
Una gran cantidad de sistemas a nuestro alrededor presentan oscilaciones. La cuerda de una guitarra, el cono de un parlante, un columpio; todos estos sistemas se mueven hacia adelante y atrás o hacia arriba y abajo, alrededor de un mismo punto. Algunos sistemas producen ondas al oscilar. Como podremos imaginar, la onda de sonido es producida por la oscilación de un sistema.
Una onda es definida como el cambio periódico y cíclico de una magnitud física determinada, la cual se propaga a través del espacio. Según las magnitudes físicas que varían, existen dos tipos de ondas: las ondas mecánicas y las ondas electromagnéticas.
Una onda mecánica es aquella que modifica la posición de las partículas del medio que atraviesa. Por ejemplo, la onda producida al arrojar una roca en un estanque hace que las moléculas de agua se muevan en círculos (Figura 4.7).
Figura 4.7: Onda superficial en un estanque
Como estudiamos anteriormente, para poner en movimiento las moléculas de agua que antes estaban estacionarias, es necesario cambiar su aceleración. Esto implica la acción de una fuerza externa. Asimismo, las partículas se están desplazando una distancia específica. La presencia de fuerza y desplazamiento indica que se está realizando trabajo. Finalmente, el trabajo implica una potencia y, por lo tanto, la presencia de energía (Figura 4.8).
Figura 4.8: Las ondas implican energía
Una perturbación inicial en el medio introduce energía y fuerza externa que ponen en movimiento las partículas. Luego, dichas partículas chocan con las vecinas, transfiriendo energía a ellas y poniéndolas en movimiento también (Figura 4.9). El resultado es un efecto dominó que causa la propagación de la onda.
Figura 4.9: Efecto dominó en la propagación de la onda
Podemos inferir entonces, que la propagación de la onda implica una propagación de energía, pues una partícula transmite energía a la siguiente para ponerla en movimiento. En realidad, todas las ondas causan una propagación de energía. No obstante no causan una propagación de la materia. Es decir, las partículas oscilan alrededor de su posición original (Figura 4.10). Algunos ejemplos de ondas mecánicas son las ondas de sonido, las olas en un estanque, un saltacuerda, entre otros.
Figura 4.10: Oscilación de las partículas
Por otro lado, las ondas electromagnéticas transmiten la energía en forma de cambios en campos magnéticos y eléctricos. Por esta razón, las ondas electromagnéticas no necesitan de un medio para propagarse, por lo que pueden viajar a través del vacío. Algunos ejemplos de ondas electromagnéticas son las ondas de radio, la luz visible, la luz ultravioleta y los rayos X.