Transcripción
Continuaremos estudiando los aportes de grandes directores:
Louis Spohr: además de ser un gran compositor y violinista, fue el director que estandarizó para siempre el uso de la batuta. Se le reconoce por la fuerza que transmitía desde el podio, la cual no había sido vista antes. Se enfocó en el trabajo de los matices. Sus pianos y sus fortes estaban tan bien logrados que, sinfonías que habían sido previamente interpretadas, alcanzaban un sonido diferente, lo cual resultó atractivo para los críticos de la época.
Richard Wagner: sus aportes se pueden resumir en dos aspectos: el tempo y la separación de los roles del compositor y el director. Con respecto al tempo, en su Über das dirigieren, o Sobre la dirección, menciona que éste debe ser flexible, y que el director debe acelerarlo o desacelerarlo conforme a lo que está escrito en la partitura. Este concepto es similar al de Leopold Mozart, cuando afirmaba que las obras no necesitaban indicaciones de tiempo, sino que éste tenía que deducirse de la misma. En las propias palabras de Wagner, “el matiz más importante para la verdad musical lo revela el tempo… el tempo correcto conduce automáticamente al estilo, y al carácter verdadero”. Este concepto revolucionario no estuvo libre de críticas, especialmente por el impacto ocasionado por el acelerar y reducir del tiempo en obras que jamás habían sido interpretadas de esa forma. Las sinfonías de Haydn constituyen un buen ejemplo de esto. En 1855, Wagner volvió a causar sensación al ubicar al director en el centro del escenario, y no en diagonal con respecto a los músicos y al público, como se acostumbraba hacer. Otra innovación de los tiempos de Wagner consistió en la marcación eficaz de los tiempos, de forma que éstos fueran claramente comprensibles para los músicos. Finalmente, su aporte más importante es la separación de las figuras del compositor y el director. Con el tiempo, Wagner comprendió que la tarea de dirección de una obra debía alejarse del compositor, y ser abordada por un especialista. Sin embargo, la separación total no se concretó sino hasta Hans von Bulow.
Hans von Bulow: es considerado el primer director profesional. Poseía una personalidad despótica, por lo cual los maltratos, insultos y humillaciones hacia sus músicos eran frecuentes. Esto le valió ser despedido en una ocasión de su cargo. Sin embargo, el alto grado de perfeccionamiento que exigía de su orquesta le otorgó fama y reconocimiento en toda Europa. Fue un acérrimo entusiasta de la música de Wagner, incluso dirigió el estreno de dos de sus óperas, cultivando un enorme éxito. De hecho, fue la música de Wagner lo que lo impulsó a abandonar sus planes de estudiar Derecho, y dedicarse a la música.
Héctor Berlioz: se le puede considerar la contraparte del estilo de Richard Wagner. Mientras aquel enfatizaba en la libertad interpretativa, Berlioz la limitaba para secciones muy específicas de las obras. Fue en este periodo, a finales del siglo XX, cuando los directos comenzaban a tomarse grandes libertades para la interpretación de las obras.
Arthur Nikisch: este gran director pertenecía a una de las escuelas, o tendencias, más revolucionarias. Para Nikisch, el compositor no tenía la última palabra sobre su obra, sino que el director podía tomarla como una base para sus improvisaciones. Su filosofía como director se resume perfectamente en su frase: “Haga que todas sus interpretaciones sean una gran improvisación; si no les gusta, que se pongan a dirigir con un metrónomo”. Incluso, compositor como Brahms, al escuchar sus propias obras dirigidas por Nikisch, se preguntaban si ésa era realmente una obra propia. Su política se resumía en la obtención de los efectos deseados, en detrimento de las indicaciones del compositor. Llegó al extremo de, en ocasiones, suprimir pasajes o movimientos completos de una obra. Actualmente, este estilo de dirigir sería fuertemente rechazado.
De esta forma, se puede observar como la figura del director ha evolucionado desde simplemente marcar tiempos, hasta tener poder de “edición” sobre las composiciones.