Transcripción
Las curvas isofónicas son la base de las mediciones utilizadas para determinar la respuesta de frecuencias de diferentes equipos de audio. Todas las mediciones de amplitud y gráficos de respuesta de frecuencias se presentan utilizando una medición. Es vital comprender a profundidad dichas mediciones, pues esto nos permitirá analizar datos de manera correcta, así como identificar gráficos de respuesta de frecuencia y especificaciones técnicas engañosas en diversos equipos.
Existen tres mediciones principales: A, B y C (Figura 7.13).
Figura 7.13: Respuesta de frecuencias de las mediciones A, B y C
Al igual que nuestro sistema auditivo cuando percibe sonidos de amplitudes bajas, la medición A es muy poco sensible a frecuencias por debajo de 300Hz y por encima de 10kHz. Esto es similar al comportamiento de nuestros oídos al percibir fuentes de baja amplitud (curva isofónica de 40 phons). Por otro lado, la medición C presenta una respuesta de frecuencias mucho más plana, similar al comportamiento de nuestros oídos al captar amplitudes mayores. Finalmente, la medición B es un punto intermedio entre ambas, pero ha caído en desuso.
¿Cómo se aplican las mediciones al determinar la respuesta de frecuencias de un equipo de audio? Supongamos que un micrófono tiene una respuesta de frecuencias totalmente plana (Figura 7.14). Según esta respuesta de frecuencias, el micrófono capta todas las frecuencias con su amplitud exacta, sin modificarla de ninguna manera.
Figura 7.14: Respuesta de frecuencias de un micrófono “ideal”
Supongamos que se desea aplicar la medición A en este micrófono. Primero, se toma cada uno de los valores en la curva de respuesta de frecuencias original del micrófono. Luego, se suman estos valores con los de la curva de la medición A. Como resultado, obtenemos una respuesta de frecuencias como la que muestra aquí (Figura 7.15).
Figura 7.15: Respuesta de frecuencias de un micrófono “ideal”, con medición A
Si bien la respuesta de frecuencias real del micrófono era totalmente plana, la respuesta de frecuencias con medición A hace parecer que el micrófono capta de manera deficiente las frecuencias bajas. El objetivo de las mediciones es emular la percepción de nuestros oídos con el desempeño del equipo al que se aplica la medición. Es decir, aplicar las mediciones nos permite observar en un gráfico una respuesta de frecuencias más cercana a lo que en realidad escucharemos. De nada nos servirá un micrófono que capte perfectamente las frecuencias de 10 Hz, pues nosotros no seremos capaces de oírlas. Al observar un gráfico con una medición aplicada, podremos hacernos una idea mucho más real de lo que en verdad escucharemos.
Generalmente, la medición A se utiliza en fuentes de baja amplitud, ya que se asemeja a la curva isofónica de 40 phons. Un ejemplo claro es la determinación del ruido propio de un micrófono. Al utilizar esta medición, el valor en decibeles se expresa como dBA o dB(A).
La medición C se asemeja a la curva isofónica de 100 phons, por lo que es la más aplicada a las respuestas de frecuencias de micrófonos y monitores, ya que es un nivel de volumen cercano a los niveles en los que operan. Los valores en decibeles, utilizando esta medición, se expresan como dBC o dB(C).
Es importante utilizar la medición adecuada para cada aplicación. Por ejemplo, al utilizar la medición A siempre obtendremos valores más bajos que los obtenidos con la medición C, pues se están descartando muchas frecuencias bajas y altas.
Supongamos que queremos medir la amplitud generada por los parlantes en un concierto. Para esto, utilizaremos un decibelímetro, instrumento que mide la presión acústica de una onda (Figura 7.16).
Figura 7.16: Decibelímetro
Este tipo de dispositivos suelen ofrecer las mediciones A y C. Si utilizamos la medición A para determinar la amplitud del concierto, obtendremos valores más bajos que los reales, pues no se están tomando en cuenta las frecuencias bajas y altas. Por ende, asumiremos erróneamente que podemos exponernos a dichos niveles de amplitud, sin dañar nuestros oídos. En este caso, es vital utilizar la medición C.
Por el contrario, cuando deseamos determinar el ruido en nuestro cuarto de mezcla para determinar si podemos trabajar apropiadamente, debemos utilizar la medición A, pues no hace falta tomar en cuenta las frecuencias bajas y altas a niveles de amplitud tan bajos. Se recomienda que el ruido de un cuarto de mezcla no exceda los 35 dB SPL. Si utilizamos la medición C, tomaremos en cuenta frecuencias bajas y altas que no escuchamos eficientemente en esos órdenes de amplitud, por lo que obtendremos un nivel más alto que lo que en verdad percibimos, alarmándonos innecesariamente.