Transcripción
Es preciso tener en cuenta que, aunque nuestro mercado objetivo puede ser muy amplio, debemos enfocarnos en los
usuarios potenciales. No obstante, nuestro público no puede ser cualquier
persona y tampoco lo encontraremos en cualquier lugar. Por tal motivo, sin una idea clara de qué queremos
decir, a quién y dónde se lo vamos a decir, estaremos corriendo el riesgo de
que nuestro mensaje pase a segundo plano en la Internet.
Para demostrar
la importancia de segmentar al público meta, nos basaremos en el siguiente
ejemplo: si nos dirigimos a todas las edades con una campaña sobre
paquetes de graduación en universidades privadas, solo a aquellos que se estén
graduando en dichas universidades les interesará nuestro contenido, mientras
que los recursos que gastemos en atraer a otro tipo de población serán en vano.
Una vez que
sepamos qué mercados queremos abordar, llega el momento de dividir las
posibilidades disponibles en cada meta fijada, con la finalidad de conocer en
cuál de ellas tenemos mayor oportunidad, enfocando nuestra estrategia bajo un
campo de probabilidades en el cual existen necesidades que podemos cubrir.
Debemos tener
presente que esta práctica de segmentar es susceptible de repetición en
diversas ocasiones. Por ejemplo, una vez que hayamos definido en qué mercado
obtendremos mejores resultados, pasaremos a la fase de segmentar según ciertas
variables, como la geográfica, la demográfica, la etapa de ciclo de vida, la
psicográfica o la conductual.
En cuanto a
los lineamientos a seguir para segmentar nuestra audiencia, nombraremos las variables demográficas para configurar un “mercado objetivo”. De esta
manera, nos basamos en parámetros tales como: la edad de la persona, sexo, ocupación,
lugar de residencia, lugar de nacimiento, profesión y nivel socioeconómico.
Esta información permite crear un plan adaptado a las necesidades de los
consumidores, partiendo de conocer quiénes son y qué quieren para cubrir sus
necesidades.
Si consideramos que aún puede existir una fuga de información que nos puede
beneficiar, es decir, que existe información en la que nos podemos basar para
generar nuestro contenido, entonces podemos pensar en la incorporación de otras variables cualitativas a dicho análisis. Así
podremos segmentar nuestro mercado en el tema meta y brindar una oferta con
valor agregado, repercutiendo positivamente en la rentabilidad del negocio.
Es así como llegamos a la conclusión de que nuestra audiencia puede
responder a ciertos parámetros que definen sus preferencias, tales como su personalidad,
valores y costumbres, intereses propios, pasatiempos, estilo de vida y el
comportamiento específico que mueve a las personas a realizar una compra.
Por otro lado, el uso de encuestas a través de nuestras redes sociales
puede tener doble función: por un lado, generar una actividad por la cual los
usuarios se sientan parte de la marca. Luego, a través de ella, conocer las
características de nuestra audiencia según su personalidad, pasatiempos,
principales intereses y, claro está, el estilo de vida. De esta manera, conseguimos
datos valiosos acerca de quiénes constituyen nuestra audiencia y por qué son
nuestros seguidores. En fin, debemos prestar gran atención
en todas las características mencionadas.
Como resultado de esta importante tarea, podemos ver que el comportamiento
de compra puede, sin duda, contar con un historial que brinda un tipo de
información importante acerca del cliente. Por ejemplo, si compra por
necesidad, en fechas especiales, solo cuando hay promociones y otra gran
variedad de datos interesantes.
Al momento de querer crear una campaña social para un determinado grupo
de personas, encontramos la efectividad de segmentar a los usuarios. De esta
manera, estaremos adquiriendo información valiosa que podemos utilizar en esa campaña
específica o más adelante.