Transcripción
El mundo musical ha arropado a muchos compositores a lo largo del tiempo. Además, a través de las relaciones entre pueblos permitió el intercambio de culturas. En este video, veremos cómo Latinoamérica se une a la historia de la música gracias a la labor de grandes artistas.
Durante del siglo XIX, los artistas latinoamericanos admiraban musicalmente los gustos europeos.
El brasileño Antonio Carlos Gomes fue el primer compositor aceptado genuinamente en Europa, incluso reconocido por Verdi.
Figura 10.37. Carlos Gomes
Tuvo mucho éxito en La Scala de Milán con su ópera “Il Guarany”, un melodrama compuesto bajo los estilos operísticos del momento.
Figura 10.38. La Scala de Milán
Audición Recomendada: Il Guarany – Antonio Carlos Gomes
A principios del siglo XX, como en otros continentes, la renovación musical estuvo a cargo de compositores que buscaban unificar los elementos nativos con las técnicas más avanzadas del momento. Con ese mismo propósito, el también brasileño Heitor Villa-Lobos alcanzó gran fama internacional y realizó cerca de dos mil composiciones.
Figura 10.39. Heitor Villa-Lobos
En sus catorce “Choros”, escritos para diferentes agrupaciones instrumentales, se aprecia un lenguaje personal combinado con los elementos de la tradición brasileña, nombre que se refiere a una forma de música popular urbana tocada en las calles de Río.
Figura 10.40. Partitura del Choro No.1 de Heitor Villa-Lobos
Audición Recomendada: Choro No.1 - Heitor Villa-Lobos
De igual manera, sus Bachianas brasileiras constituyeron lo popular con elementos inspirados en Bach, compositor que Villa-Lobos consideraba como una especie de intermediario entre todas las culturas. También compuso diecisiete cuartetos de cuerda, una de las recopilaciones más significativas del género en el siglo XX junto a los de Bartók, Shostakóvich, Carter, sin olvidar los de Debussy y Ravel.
En una situación semejante, encontramos al mexicano Carlos Chávez, el cual se inclinó hacia los rasgos autóctonos de forma más subjetiva, sin basarse literalmente en caracteres de las melodías populares, haciendo en su lugar una mera evocación de las mismas.
Figura 10.41. Carlos Chávez
Este autor forma parte del llamado “Renacimiento azteca” junto a pintores como Diego Rivera y José Orozco.
Figura 10.42. Diego Rivera
Figura 10.43. José Orozco
Dicho movimiento se caracterizó por un rechazo a lo europeo y un gusto por lo precolombino como sinónimo de autenticidad. Esto se aprecia en piezas de Chávez como “Sinfonía india” o en su “Toccata para percusión”, obra compuesta para seis percusionistas, donde el interés por el timbre y desinterés por la cuerda lo acerca a lo que Varèse hacía.
Audición Recomendada: Sinfonía india – Carlos Chávez
Audición Recomendada: Toccata para percusión - Carlos Chávez
Finalmente, el argentino Alberto Ginastera demuestra su amor por el folclore argentino en el ballet “Estancia”, el cual consiste en escenas rurales del mundo gaucho.
Figura 10.44. Alberto Ginastera
Audición Recomendada: Ballet Estancia - Alberto Ginastera
A partir de los años cincuenta, Ginastera optó por componer bajo los procedimientos técnicos más nuevos de la época, como la dodecafonía en su “Cuarteto No. 2”, o en sus óperas de los años sesenta como “Don Rodrigo” o “Bomarzo”, donde se muestra un estilo más internacional.
Audición Recomendada: Cuarteto N. °2 - Alberto Ginastera
Audición Recomendada: Don Rodrigo - Alberto Ginastera
Audición Recomendada: Bomarzo - Alberto Ginastera
Desde entonces, Latinoamérica forma parte de la historia musical, rescatando las influencias compartidas entre grandes maestros. Con dichas demostraciones, aprendemos que la música no tiene fronteras ni límites.